La brújula es el instrumento esencial para orientarse, siempre marca el norte. En según qué condiciones se puede distorsionar, hay que asegurarse que nada la desvíe para marcar el norte correctamente. La Unión Europea parece en estos momentos no disponer de una brújula que la oriente hacia su norte que es como marca el artículo primero del Tratado de la Unión, este constituye “una nueva etapa en el proceso creador de la Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, en el cual las decisiones serán tomadas de la forma más abierta y próxima a los ciudadanos que sea posible”.
La atención de estos ciudadanos se centra en ver como las instituciones de la Unión y sus responsables resuelven la actual crisis, consolidan el euro, se vuelve a la senda del crecimiento se aumenta la ocupación, y se recupera, como también se establece en el Tratado, el buen funcionamiento de una economía social de mercado. Precisamente en el Tratado se estableció un presidente permanente de la Unión del que cabría esperar un liderazgo claro de esta, especialmente en momentos de crisis. Sin embargo sabemos que en la actualidad este lo ejercen desde el Consejo Europeo la canciller alemana Angela Merkel, con el apoyo del presidente de la república francesa Nicolás Sarkozy que han ido sacando adelante propuestas, que aunque tarde y no siempre satisfactoriamente, han ido superando los riesgos más inmediatos que ponían en peligro aspectos cruciales de la unión monetaria europea, incluyendo su moneda, el euro, encontrándose a faltar un auténtico gobierno económico europeo.
En este contexto hay que celebrar la aprobación del llamado paquete de normas relativas al buen gobierno económico de la Unión, y que establece una mejor normativa y régimen disciplinario en la gobernanza económica de los estados que pertenecen al euro, para evitar una nueva crisis fruto de los desequilibrios producidos por estos.
Las seis propuestas legislativas aprobadas permitirán ampliar la vigilancia a los desequilibrios macroeconómicos, supervisar antes de su aprobación los presupuestos de los estados miembros de la eurozona, refuerzan la supervisión y coordinación de las políticas económicas y reglamentar la prevención y la corrección de los desequilibrios macroeconómicos. Si hubiéramos tenido esta normativa hace unos años, los desmanes cuyos efectos padecemos no se habrían podido producir. Por lo tanto, ya tenemos un inicio de gobierno económico de la Unión, una brújula que marca el norte basado en la estabilidad presupuestaria, la tendencia a la eliminación del déficit con una deuda reducida en un marco de estabilidad de precios.
Es ciertamente muy positivo, pero sus efectos tendrán lugar a medio plazo, y la situación requiere medidas urgentes, claras e inmediatas y el Consejo, que es el responsable, deberá adoptarlas lo más pronto posible con un programa ambicioso ciertamente de saneamiento de las finanzas públicas que lastran y contaminan todo el sistema financiero y la economía productiva y también ofreciendo un ambicioso plan de crecimiento a medio plazo para incrementar los niveles de ocupación. Hay en el inmediato horizonte dos ocasiones para concertarse en tales objetivos y compromisos: el próximo Consejo Europeo extraordinario del 17 y 18 de octubre y la reunión del G20 a principios de noviembre. Ante las expectativas de una nueva recesión para el año próximo hay que actuar mirando la brújula y teniendo como norte una etapa más próspera, “en el proceso creador de la Unión”.
Carles A. Gasòliba

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